Entrevista a Carlos Vasco

“Los entusiastas de las letras y las publicaciones hacen la diferencia en una editorial”


Foto: Agencia de Noticias UN - Universidad Nacional de Colombia.

Por: Sabina Ojeda, Comunicadora Social en Hipertexto Ltda., graduada de la Universidad Central de Venezuela.

Carlos Vasco es Licenciado en Filosofía y Letras, MSc en Física, PhD en Matemáticas y Licenciado en Teología. Profesor emérito y Doctor Honoris Causa de la Universidad Nacional de Colombia, actualmente es Coeditor de la revista internacional Educational Studies in Mathematics y Director Académico de la Serie Latinoamericana de Niñez y Juventud de Siglo del Hombre Editores, la Universidad de Manizales y el Centro Internacional de Educación y Desarrollo Humano (Cinde).

Carlos Vasco ha dedicado su vida a la enseñanza y a la producción académica. Más de 30 libros y más de 140 artículos se cuentan dentro de su contribución a las distintas ciencias. Con motivo de la celebración de los 30 años de la Feria Internacional del Libro de Bogotá (Filbo), indagamos sobre cómo concibe el rol de los autores y de las editoriales universitarias.

Carlos Vasco es Licenciado en Filosofía y Letras, MSc en Física, PhD en Matemáticas y Licenciado en Teología. Profesor emérito y Doctor Honoris Causa de la Universidad Nacional de Colombia, actualmente es Coeditor de la revista internacional Educational Studies in Mathematics y Director Académico de la Serie Latinoamericana de Niñez y Juventud de Siglo del Hombre Editores, la Universidad de Manizales y el Centro Internacional de Educación y Desarrollo Humano (Cinde).

Sabina Ojeda: profesor Vasco, ¿cómo cree que ha favorecido la Filbo a las editoriales universitarias?

Carlos Vasco: no siento que la Filbo haya o no favorecido a las editoriales universitarias; creo que no les ha dado suficiente impulso. Por ejemplo, se podrían tener tarifas de participación especiales para ellas. Sería bueno que consiguieran algún tipo de favorecimiento a través de la Secretaría de Cultura del Distrito, el Ministerio de Cultura o el de Educación para mejorar, por ejemplo, la ubicación y el espacio de los estands.

Por otro lado, las editoriales universitarias sí se han favorecido al asistir a la feria porque han podido mostrarse mucho más. Sin embargo, debería haber una mayor promoción de la producción universitaria. Si la corporación que organiza la feria cae en cuenta de que tener libros de otros países es bueno para dar un giro al evento cada año y para conseguir apoyo de las embajadas, al mismo tiempo debería decir: nuestra contrapartida es la producción colombiana de mayor calidad, que es, precisamente, la de las universidades.

Más de 60 instituciones van a estar representadas en la Asociación de Editoriales Universitarias de Colombia (ASEUC), eso para mí, como intelectual, es más importante que la visita de un premio Nobel. No estoy criticando que se elijan un país y un género, ni que se promocionen la novela y el arte. Sin embargo, como docente, estoy orgulloso de nuestra producción académica.

Lamentablemente, seguimos teniendo “publicaciones pobres”, pero porque no se aprecia la producción colombiana, y eso se ve en las mismas universidad es.

SO: de acuerdo con su experiencia, ¿cuál es el rol social del autor académico? ¿Qué cambios ha observado en este rol en los últimos años?

CV: cuando empezamos a abrir editoriales universitarias y a publicar, prácticamente el rol del autor era presentar su informe de investigación o su tesis doctoral. No era propiamente un rol que fuera a dar una recompensa, sino en el puro capital académico de reconocimiento. Después vino el problema de que se empezaron a exigir publicaciones para las promociones, las acreditaciones y la clasificación del grupo en Colciencias. Eso cambió el rol social del autor porque, por un lado, este tiene que seguir trabajando en sus investigaciones y, por otro, debe atender un asunto de cálculo de puntajes.

El autor empieza a pensar qué debe hacer para tener más puntos y esto le quita mucha calidad a los productos. A la persona se le va a dar un puntaje por el libro que publicó, no por el valor que este tenga ni por el número de ejemplares que se vendan; aunque, claro, este sistema también permite que muchas personas que antes no publicaban los resultados de sus investigaciones, lo hagan. Sin embargo, tiene ese costo de que se trata de publicar lo que se pueda. Ese tipo de motivaciones me parece que han sido un poco corruptoras, en el sentido de bajarle la autoexigencia al autor.

Para mí, lo ideal es que los motivos personales que llevan a un autor a publicar coincidan con esos motivos de tipo social. El autor debe trabajar en sus artículos haciendo coincidir esa motivación de ofrecerle a la comunidad académica lo mejor, sin escatimar esfuerzos y sin tratar de engañar a Colciencias, al centro de investigación de la universidad, etc.

SO: ¿dentro de las motivaciones personales del autor está cambiar la realidad sobre la que escribe?

CV: el autor que realmente es apasionado por su área sí cree que lo que está presentando y difundiendo puede cambiar la realidad. Claro, uno tiene que ser realista y saber que aquí en Colombia las “falsas verdades” cambian más la realidad que las “verdaderas verdades”. A pesar de eso, uno no debe rebajarse a utilizar narrativas atrayentes para que las personas muerdan el anzuelo, sino lograr una escritura fluida, brillante y atractiva con una sustancia académica que sí pueda cambiar la realidad.

SO: una investigación de la Universidad de Washington, publicada en journals.plos.org, halló que el impacto de los artículos científicos mejora si la escritura es narrativa, puesto que son más citados. ¿Se puede aplicar este hallazgo a la edición universitaria colombiana? ¿Qué se puede mejorar de la forma en que se escriben los textos académicos para que tengan mayor impacto?

CV: el autor académico siempre está en esa tensión: si soy muy serio, muy objetivo, si pongo todas las cortapisas para no decir más de lo que sé, mi publicación no va a tener impacto. Sin embargo, si soy un mago para la narrativa, voy a interesar a la gente. Ahora se usa mucho el estilo periodístico; uno lee artículos sobre temas científicos que empiezan con una anécdota como: “Juanita Suárez estaba haciendo tal cosa y vio que salió una ranita por allá y resultó que es el primer reptil fosforescente que aparece…”.

Evidentemente, todo el mundo lo lee, y los niños dicen: “¡Vamos a mirar las ranas en el humedal!”. Ese tipo de narrativa tiene mucho efecto, pero…, ¿en quién? El autor académico sí debe escribir libros de divulgación, pero lo que más le interesa son los libros que le permitan dialogar con sus colegas, y no se ha podido encontrar el mejor modo de conectar con los colegas para que lo citen a uno. Por ejemplo, acaba de salir una investigación sobre los artículos académicos de psicología, donde se evidencia que los autores colombianos no citamos a nuestros colegas colombianos*. Solo es citado quien logra que le publiquen su artículo en inglés en una revista, no importa si utiliza escritura narrativa o no.

Los buenos autores sí deberían escribir más para una audiencia amplia, con el fin de capturar la atención de los jóvenes para que estudien las ciencias; sin embargo, si usted le va a escribir a un matemático utilizando narrativa, lo primero que le va a decir es que está perdiendo el tiempo. La principal causa de citación no es la narrativa, es el uso del inglés.

SO: según información publicada en la novena edición de El libro en cifras (2016), boletín del Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe y la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, las editoriales comerciales son el principal agente editorial de América Latina (53.4% del total), de acuerdo con el registro de títulos con ISBN. Le siguen las fundaciones y las organizaciones no gubernamentales (17.7%), los autores-editores (10.8%), las universidades (10.5%), el sector público (6.1%) y otros agentes (1.5%). ¿Qué acciones pueden tomar las editoriales universitarias para mejorar su posicionamiento?

CV: estoy admirado de que las universidades lleguen al 10%. Creo que es muy difícil pasar de ahí. Si se miran estas cifras por títulos, tener uno de cada 10 libros académicos es una maravilla; ahora, si se miran por precio, realmente el 10% es increíble, creo que no se llega ni al 1%. Si se miran por el número de ejemplares vendidos, también es distinto. Además, no se trata de competir con las editoriales comerciales; estas editoriales están vendiendo novelas y libros de autoayuda…

La que sí es interesante es la competencia con las fundaciones y las organizaciones no gubernamentales, puesto que estas lo que hacen es publicar sus informes. Hay que ver bien qué es lo que están publicando estas instituciones, porque si publican los mismos informes académicos que las editoriales universitarias, entonces no son competencia, al contrario, ellas los publican gratis. Estas cifras nos hacen pensar en qué es lo que estamos pretendiendo… Hay que empezar a analizar cómo son los títulos de las editoriales universitarias y a qué áreas hacen aportes.

SO: usted ha publicado investigaciones y ha sido profesor en otros países, ¿cómo ha percibido la edición universitaria en el extranjero respecto a Colombia?, ¿qué aspectos destaca?

CV: por mi experiencia en Harvard University Press, The MIT Press y Oxford University Press, puedo decir que la edición universitaria que se hace en Estados Unidos y el Reino Unido es incomparable con la de aquí, por el volumen de producción y la cantidad de profesores con doctorado, posdoctorado y premios Nobel que tienen.

Una diferencia puntual es que si la editorial ve que su título va a vender, lo primero que le nombra usted es un editor. Aquí en Colombia ni siquiera sabemos qué es un editor, creemos que es el que edita el libro. Por ejemplo, en Estados Unidos un editor es un asistente que le nombran a usted cuando le aprueban el manuscrito; es una persona de muy alto nivel que revisa todos los aspectos del texto y conversa con el autor.

Esa labor le cuesta mucho a la editorial, pero el libro sale muy bien, sin errores, sin plagios. Allá se entiende de forma diferente el trabajo de una editorial. Las instituciones tienen un grupo de personas que lee los manuscritos y, cuando se considera que pueden publicarse, la editorial da al autor un avance económico y le nombra a un buen editor, estos son aspectos que podrían tomar nuestras editoriales.

He visto que aquí ya están brindando apoyo en cuanto a los gráficos, las revisiones bibliográficas, las notas, entre otros. Sin embargo, todavía hay una actitud de que le estamos haciendo el favor a usted de publicarle y no de que le estamos apoyando para que la publicación sea de calidad. La actitud depende mucho de las personas que contratan las editoriales.

Estas deben tener funciones como las de nuestros ciclistas coequiperos: a usted no lo contratan para ganar carreras, sino para apoyar al líder de su equipo, para “chupar” rueda al enemigo y cortar viento al pelotón. Ojalá usted se vaya luciendo para subir de categoría en su equipo, pero muchos ciclistas buenos se han retirado sin ganar una etapa… Ese tipo de personas, los entusiastas de las letras y las publicaciones, quienes se sienten felices de apoyar una buena edición, son muy difíciles de conseguir, pero, cuando se consiguen, hacen la diferencia en una editorial.

SO: usted ha escrito sobre la discapacidad y la pedagogía, ¿cómo evalúa la edición universitaria frente a las necesidades de las personas con discapacidad?

CV: las tesis que he realizado sobre los niños con discapacidad visual y auditiva me han enseñado que su inclusión en los colegios ha sido casi que un atentado. Haber cerrado los institutos de atención paralela y haber forzado la integración sin inclusión, tirándolos en el aula sin preparar a los compañeros ni a los profesores, sin ponerles un traductor de lengua de señas ni impresoras Braille, etc., muestra que la inclusión se quedó en palabrería.

Lo mismo pasa con las editoriales; por ejemplo, ¿a quién se le ocurre editar un libro en Braille? El libro es muy costoso y tiene problemas como que, si se guarda por mucho tiempo, se aplana la escritura. En este sentido, no son las editoriales universitarias las que han hecho nada por esta población; son los institutos dedicados a ayudarla los que apoyan a las editoriales para tener ediciones con acceso facilitado para personas con discapacidad. Le queda muy difícil a la editorial hacer este trabajo sola, debe hacerlo a través de alianzas. Así como se producen audiolibros contratando un buen lector, se podrían explorar otros tipos de medios utilizando la tecnología.

SO: ¿cuál es el principal reto que debe superar la edición universitaria en Colombia para tener mayor impacto?

CV: la edición universitaria está cambiando rápidamente con las nuevas tecnologías y la cienciometría. Por esto, yo diría que el principal reto es ir cambiando año por año con los avances que estas propongan. Por otro lado, tomando como referencia la investigación sobre la escritura narrativa, vamos a ver si efectivamente los científicos podemos mejorar la escritura para capturar la atención de más personas.

Quizá sería bueno que las editoriales contrataran no solo correctores de estilo, sino instructores de estilo para ayudar al profesor que va a enviar un manuscrito a hacer la introducción o por lo menos a redactar un buen texto de contraportada que ayude a aumentar las ventas sin alterar el contenido académico.

Por otra parte, es necesario superar el problema del inglés. Los mejores artículos y autores académicos no son citados ni siquiera por los colombianos; sin embargo, cualquier otro autor que escribe en inglés es citado en todo el mundo. Entonces, ¿no se está perjudicando al autor por pedirle que publique acá en Colombia? Para mí, este es el reto más difícil de superar en este momento.

SO: ¿cómo cree que han cambiado las dinámicas de publicación de la edición académica en Colombia? Por ejemplo, en el año 1990, la revista española Comunicación, lenguaje y educación tradujo y publicó el capítulo que usted escribió en el libro The cultural transition.

¿Que haya sido una revista española la interesada en un artículo publicado en Estados Unidos y no una colombiana evidencia el estado de los intereses de los publicadores de ese entonces?

CV: recuerdo que en ese momento estaba empezando la didáctica de las matemáticas en España. La revista se enteró de ese artículo, le interesó y me gané unos cuantos fans (risas). La verdad es que en Colombia ninguna revista estaba interesada en una traducción. Hay una idea de que publicar una investigación de otro medio o traducir un informe de investigación, así sea verificado, no es original. No hay mercado para las traducciones.

Además, existe otro problema que he planteado a Colciencias: si ustedes quieren que publiquemos en inglés, deben tener buenos traductores de inglés para cada área académica. Las universidades, las revistas y Colciencias exigen que se escriba en inglés, pero, cuando uno manda un artículo, lo devuelven para que uno consiga a una persona que sepa inglés y lo revise… Entonces, el estado de los intereses de las editoriales en las traducciones sigue casi igual que en 1990 y no creo que vaya a cambiar mucho pronto. Aquí no estamos interesados en traducir, en volverá publicar investigaciones ni en pagar lo que vale una buena traducción; además, si lo hacemos, no queremos entregar la traducción a otra persona para que la publique.

Sueño con que algún día las universidades logren recuperar ese espacio que les han ido quitando los “pulpos” de las ediciones internacionales y con que no estén pensando ni en posicionarse ni en vender, sino en impulsar el conocimiento que estamos produciendo en Colombia.

* Jean Nikola Cudina y Julio César Ossa (2016). The top 100 high-impact papers in Colombian Psychology: A bibliometric study from WoS y Scopus. Inf. & Soc.: Est. João Pessoa, v.26, n.2, 137-154, maio/ago. 2016. ISSN: 1809-4783.

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