Entrevista a Peter Wade

“Los autores antropológicos-etnográficos simplemente presentaban los datos tal como los encontraron; hoy en día se reflexiona más en el proceso de producción del conocimiento”

Por Diego Garzón, antropólogo y candidato a magíster en Estudios Sociales de la Universidad del Rosario. Docente e integrante del Semillero de Antropología Médica de la Escuela de Ciencias Humanas de la Universidad del Rosario.

Peter Wade es PhD en Antropología Social de la Universidad de Cambridge. Ha escrito múltiples libros y artículos en revistas científicas sobre los significados sociales e históricos de la raza, la etnicidad y la sexualidad en América Latina. Actualmente, se desempeña como profesor de Antropología Social de la Universidad de Manchester.

Los 30 años de la Feria Internacional del Libro de Bogotá conllevan a pensar en las diferentes formas en que se han vivido los libros durante estas últimas tres décadas. Es así que busqué un autor y académico de larga trayectoria que nos contara su forma de vivir los últimos 30 años de libros y revistas académicas que han pasado por su experiencia bibliográfica. Invité al profesor Peter Wade, de la Universidad de Manchester, a que nos compartiera su experiencia sobre los libros y revistas que ha escrito, leído y editado a lo largo de su bibliografía y experiencia académica.

Diego Garzón: recordando esos primeros libros que usted leyó hace 30 años... ¿recuerda algún libro que leyera en esa época sobre Colombia que lo haya marcado? De pronto alguno que diga que le haya marcado mucho para encaminar su camino académico sobre los temas de raza en Colombia.

Peter Wade: yo leí muchos libros en los años 80. En esa época estaba haciendo trabajo de campo y haciendo el doctorado. Podría nombrar las obras de Nina de Friedemann. Son varias obras… yo leí, por ejemplo, uno de sus primeros libros mucho antes de empezar el trabajo de campo para el doctorado, fue el libro de ella sobre palenque. Un texto fotográfico, no es una etnografía normal, es más que todo fotografías y eso sí tuvo un impacto sobre mí y de alguna manera el trabajo de ella marco un poco mi entrada en el campo de los estudios colombianistas.

DG: en cuanto a su experiencia con los libros, los libros académicos no son lo mismo que un libro de literatura. No son libros que las personas se gocen al mismo nivel de la literatura, más bien son

libros para un público más específico. ¿Cómo ha visto usted esa transición de los libros académicos con los que comenzó a estudiar con los libros ahora?

PW: pues yo creo que han cambiado muchas cosas. Una etnografía que yo leí como estudiante de pregrado no es tan diferente a una etnografía que uno lee hoy en día. En su formato, las etnografías antropológicas son bastante parecidas en algunas cosas. El enfoque intensivo sobre un grupo de personas, o sobre una comunidad sigue siendo una característica bastante destacada de las etnografías en general. Hoy en día uno encuentra que en antropología es mucho más común una etnografía multilocal. Salir de ese enfoque comunitario de concentrarse en una sola comunidad, quedarse en un solo grupo de personas para abarcar movimientos, migraciones, espacios transnacionales, ese tipo de cosas… Los enfoques han cambiado un poco, también la cantidad de autorreflexión que hace el autor, una autorreflexión consciente: quién soy yo, dónde me encajo… En el proceso de investigación, cosas así son mucho más destacadas hoy en día que hace 30 años donde los autores antropológicos-etnográficos simplemente presentaban los datos tal como los encontraron; hoy en día se reflexiona más en el proceso de producción del conocimiento de esos datos.

DG: los libros antes eran más simples, ahora tienen versiones especiales, incluso uno puede entrar en Amazon y encontrar versiones en pasta dura o en versión rústica. ¿Eso influye en el libro académico?

PW: cuando yo empecé a comprar libros los compraba con pasta dura o pasta rústica. Lo que hoy se consigue es lo que no se conseguía en ese entonces: las ediciones digitales. En eso sí se diferencia porque se consigue más fácil, se consigue más barato… Uno los lee de una manera diferente: atado a una máquina, a un computador. Eso tiene otro efecto sobre la manera de leer, se dice que leyendo digitalmente penetra menos la información en la mente de uno, que los procesos cognitivos son distintos. A mí personalmente me gusta leer mucho en digital, en forma digital, y aprecio mucho la disponibilidad de esos libros. En la biblioteca, cuando yo era estudiante la biblioteca era donde uno pasaba la mayoría del tiempo, durante mi doctorado pasaba muchas horas en la biblioteca. Hoy en día casi no voy a la biblioteca, casi todo lo hago por computador, eso es toda una experiencia muy distinta, uno hace todo desde su casa.

DG: usted es de los pocos académicos que yo he escuchado que les gusta leer en digital, muchos en Colombia (colegas, amigos, compañeros) siempre dicen que preferirán el papel. ¿Qué les diría a esos académicos que prefieren el libro en papel? ¿Ante esos cambios en las formas de lectura, qué les diría a esos académicos que prefieren el papel todavía?

PW: es un gusto personal. Como experiencia de leer, a mí también me gusta el papel, tener el libro en la mano, tener la posibilidad de sentarse en un tren donde no hay acceso al internet, tener un libro me gusta más que leer pegado a un computador. Son cuestiones de conveniencia. Yo tengo una oficina llena de libros, tanto en la universidad como en mi casa. Entonces no me caben más libros, por eso hoy en día casi no compro libros. Tengo archiveros llenos de papel. Me estoy encaminando hacia lo que llaman paperless office, mantengo todos mis documentos en formato digital porque ahora así se ahorra espacio. Entonces es más por cuestiones de conveniencia, pero aún me gusta la experiencia de tener un libro en la mano.

“Uno puede (…) agregar un grano de arena mientras que hace 30 años por lo menos debías agregar una cucharadita…”

DG: en el ámbito académico, las revistas también son importantes. En su larga experiencia como académico ¿cómo ha sido su experiencia con las revistas? ¿Ha editado alguna revista académica?

PW: sí, yo fui editor del Boletín de Estudios Latinoamericanos durante varios años. Empecé como editor de las reseñas de libros. Pase a ser un coeditor y terminé como editor principal de esa revista. Hoy en día soy coeditor de Latin American and Caribbean Ethnic Studies. Somos cinco o seis coeditores en esa revista con un editor principal.

DG: ¿en qué año empezó ese rol de ser editor de revistas? ¿Cómo ha visto usted los cambios desde hace 30 años de las revistas y artículos académicos? ¿Eran de pronto más locales en cuanto a lo que publicaban?

PW: como editor de reseñas de libros, a finales de los años 80, en líneas generales, el proceso de las revistas sigue siendo igual. El boletín es la revista de la sociedad de estudios latinoamericanos del Reino Unido, pero tiene un alcance internacional porque fue editado en ese momento por Elsevier, que es una de las grandes casas editoras de revistas científicas. Entonces la revista ya tenía una distribución internacional. El proceso sigue siendo lo mismo, los autores envían los manuscritos a la revista, uno escoge los pares evaluadores que harán la evaluación, eso siempre demora mucho. Luego uno como editor tiene la decisión. La revista que ahora edito es el mismo proceso. Pero sí ha cambiado en algunos sentidos. Hoy en día es mucho más comercializado, todo ese proceso de la producción de las revistas se ha comercializado muchísimo más. Por ejemplo, cambiamos de casa editorial con esa revista de Elsevier a lo que en ese tiempo era Blackwell’s. Nos dimos cuenta en ese momento que queríamos cambiar de casa editorial porque Elsevier ya no estaba interesado en nuestras temáticas; estaba más interesado por el lado de las revistas de ciencias duras. No promocionaba los boletines y todas las temáticas de ciencias sociales. Nos dimos cuenta que la edición de una revista da plata para la casa editorial porque Blackwell’s nos ofreció un contrato que representaba muchísimo más dinero para la sociedad de estudios latinoamericanos de lo que antes habíamos recibido de Elsevier. Con Elsevier iba de 2.000 o 3.000 libros al año, con Blackwell’s iba a 15.000 libros al año, en ese entonces que era mediados de los años 90. En ese momento yo me di cuenta qué tipo de mercado representaba la edición de revistas académicas.

DG: también es un negocio…

PW: sí, y se ha vuelto más un negocio hoy en día. La otra cosa que ha cambiado es la producción en línea. La publicación en línea ha agilizado mucho más la producción. Hoy en día, una vez aceptado el artículo, uno puede tener la esperanza de que salga en línea en un par de meses después de ser aceptado. La revista ahora tiene esa facilidad, y la mayoría hoy la tienen. Antes uno tenía que esperar a que hubiera un espacio para que apareciera el artículo en impresos, o sea, había un tiempo de espera para que saliera el artículo. Ahora se ha agilizado mucho más el proceso. La cantidad de producción de artículos se ha triplicado. Por ejemplo, una de las primeras revistas en donde publiqué mi primer artículo, la revista Ethnic and Racial Studies, en ese momento solo había dos o tres números por año, hoy en día esa revista tiene 16 números por año, o sea que la presión que sienten los académicos, sobre todo los académicos jóvenes para publicar, ha intensificado muchísimo más la cantidad de producción. Uno siente la presión de publicar y publicar por cuestiones de promoción, por la carrera, por la trayectoria profesional de uno, y por las expectativas de las agencias que financian la investigación y quieren ver los resultados muy pronto. No sé si en algún sentido eso ha bajado la calidad de producción, yo creo que en algún sentido sí. Uno puede publicar hoy en día cosas que hace 30 años difícilmente habrían sido publicadas en términos de calidad; simplemente hay que agregar algo al fondo de conocimiento sobre un cierto tema: agregar un grano de arena mientras que hace 30 años por lo menos debías agregar una cucharadita de arena en vez de un granito para ser aceptado como una publicación aceptable.

DG: en cuanto a esa generación de conocimiento y teniendo a la edición como una etapa básica en la producción de conocimiento. ¿Cuál es la relación del Estado en toda la edición de textos académicos? ¿El Estado antes se entraba a jugar un rol más importante en la producción de conocimiento? ¿Ha cambiado en algo en estos 30 años la producción de conocimiento? ¿O más bien ahora son los centros de pensamiento y universidades las interesadas en esa producción?

PW: sí, se ha marcado una diferencia bastante notable en ese sentido. En Inglaterra la gran mayoría de universidades son universidades públicas, dependen del Estado, o dependían del Estado. Hoy en día se están comercializando o privatizando de alguna manera, todavía no son universidades privadas, pero dependen ahora más de los ingresos de las matrículas que hace 10 años. Desde esa época se está cobrando la matrícula que antes no se cobraba a los estudiantes. Pero el Estado sí se ha impuesto en el proceso de regular la producción académica. Entonces, el Estado invierte la plata en las universidades y ellos se encargan de hacer la producción académica, pero las casas editoriales en la mayoría son compañías privadas que hacen la producción del conocimiento en términos materiales. Lo que hace el Estado es medir la producción en términos de calidad y de cantidad, entonces cada ocho años aquí en Inglaterra, en Gran Bretaña, se hace un ejercicio de evaluación de la producción de investigación de todas las universidades en todo el país. Entonces cada departamento, cada miembro de ese departamento tiene que entregar cuatro artículos o publicaciones. Esas publicaciones son leídas por un panel de expertos en la disciplina que son académicos que trabajan para el gobierno y le dan un puntaje de 1 a 4 al departamento como tal en términos de su producción intelectual académica y en términos de su infraestructura de investigación que también es medido según ciertos criterios. Pero lo importante es medir la calidad de la producción, y eso representa cierta cantidad de plata que el gobierno da a la universidad.

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