Las bibliotecas y la adquisición de libros universitarios

Por Nicolás Morales Thomas, politólogo y Director de la Editorial Pontificia Universidad Javeriana. Con el trabajo periodístico de Óscar Javier Rubiano

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Sin embargo, seamos sinceros, desde hace algunos años una mirada más conspicua se ha instalado entre estos dos mundos. La primera observación proviene del mundo editorial: no estamos seguros de que las bibliotecas estén adquiriendo nuestros libros. La observación nace del hecho de que la compra se ha hecho más inusual. Atrás han quedado las ventas muy abultadas que tenían las editoriales en el renglón de bibliotecas. La posición de las mismas también es muy clara: no podemos adquirir todo, e incluso no debemos hacerlo. Las curadurías, por razones de presupuesto y espacio físico, han hecho que la moderación sea la regla en sus comités de compras. Entre estos dos mundos hay matices, puentes frágiles y un catálogo de puntos discordantes que habría que analizar. Por esta razón, nos propusimos realizar un diálogo con cuatro bibliotecas de Bogotá: la de la Universidad de los Andes, la de la Pontificia Universidad Javeriana, la Universidad Minuto de Dios y la Biblioteca Luis Ángel Arango —BLAA—. El propósito fue comprender lógicas, entender propósitos y matizar preconceptos que podrían estar engendrándose entre ambos mundos. Aquí resumimos algunos de los hallazgos que son solo el inicio de una investigación más sistemática que se realizará en los próximos años.

 

1. Las bibliotecas sí están comprando libros universitarios

Aunque la muestra está lejos de ser representativa, podemos afirmar que las compras de libros académicos colombianos permanecen en los ejes de interés de las bibliotecas. Todas afirmaron adquirir porcentajes mínimos o importantes de colecciones académicas colombianas. En tres casos las compras fueron directas, es decir, bien sea a través del distribuidor autorizado o directamente con la editorial y su punto de venta. Una cuarta biblioteca explicitó algunos instrumentos del canje tradicional, pero en general esta herramienta parece haber caído en desuso.

Las editoriales colombianas mantienen el interés de bibliotecarios, aunque no expresen exactamente el porcentaje de compra del total adquirido. Priman, evidentemente, las compras a editoriales internacionales y a los fondos generalistas. Una investigación más detallada podría a futuro indagar acerca de la compra de libros según los temas o disciplinas. ¿Compran más libros de ciencias sociales que de ciencias exactas? ¿Hay prelación por alguna materia? Son asuntos por resolver en el futuro. Sin embargo, un dato interesante: la Biblioteca Luis Ángel Arango realiza estudios de uso como estrategia para la adquisición de nuevas colecciones y en ellos ha encontrado que las humanidades y las ciencias sociales son dos áreas de preferente compra sobre todas las otras áreas disciplinares. La Pontificia Universidad Javeriana también expresó ese enfoque temático. Creemos que es normal, pues el talento innovador de nuestras universidades no pasa tan a menudo por las ingenierías o ciencias básicas; además, las revistas indexadas suelen canalizar ese conocimiento.

Algo muy interesante del diálogo con las bibliotecas es que todas afirmaron comprar literatura académica nacional, aunque fuera en mínimas cantidades. Ninguno de los bibliotecarios afirmó prescindir de la compra a editoriales universitarias colombianas, lo que expresa la confianza por este canal. Claro, cada una en rangos distintos. Un dato curioso: algunas bibliotecas se quejan del proceso de descentralización de ciertas universidades que manejan múltiples centros de publicación. La compra se hace más difícil al no contar con un solo interlocutor autorizado.

2. La selección: aún la deciden los académicos

Consultadas todas las bibliotecas universitarias, se encontró que estas aún delegan en gran medida la decisión de compra a las facultades y sus comités de investigación o de publicaciones. Eso quiere decir que, con excepción de la BLAA, los académicos deben pronunciarse sobre lo que debería comprarse, con toda seguridad la mayoría de estos listados hacen alusión a las necesidades docentes y a los intereses bibliográficos de profesores, muchos libros de editoriales internacionales y algunos libros de consulta generalistas. No debe desdeñarse el peso del bibliotecario en la decisión. Muchos deciden aún la compra de novedades. En el caso de la BLAA —que tiene un énfasis de libros para usuarios estudiantes universitarios especialmente en las áreas de humanidades— existe un grupo de evaluadores externos que conocen las colecciones y dicen si el material debe comprarse o no. Siempre confrontando la información de las estadísticas de préstamo, nos dice Diana Restrepo, coordinadora del Departamento de Bibliotecas de la BLAA, prefirieren la publicación colombiana para la compra de material tanto base como universitario. Es sabido que la BLAA tiene un amplio catálogo colombiano y de material impreso en el extranjero que trata acerca del país.

3. La importancia de mantener catálogos vigentes

En el medio universitario una afirmación hace carrera: no hace falta consolidar catálogos de libros unificados. Nada más falso. Todas las editoriales hablaron de la importancia de contar con catálogos poderosos para la selección de material. Y algo importante: los catálogos deben ser aún impresos. Solo una biblioteca habló explícitamente de catálogos digitales. Eso nos devuelve a la necesidad capital de unificar fondos y resaltar novedades. No hace falta imprimir un objeto muy sofisticado. Basta con un folleto diferenciador. Y no estaría de más enviarlo digitalmente para reforzar la compra. Los bibliotecarios más jóvenes están consultando solo bases digitales y redes sociales.

4. Lo digital: nuevo actor que se queda

Durante muchos años, la compra de libros electrónicos parecía insignificante. Hoy debemos aterrizar y afirmarlo con energía: los bibliotecarios están comprando cada vez más libros digitales y plataformas con e-books. Las cifras lo confirman. En el caso de la BLAA su propósito para el 2022 es tener un 30% de la biblioteca en material electrónico. La Javeriana va en un 10% y la Universidad de los Andes tiene ya centrada mayoritariamente su compra en libros electrónicos. Aparecen dos problemas: una gran proliferación de sistemas de elaboración y consulta de libros digitales, con la particularidad de que cada editorial plantea una plataforma única con condiciones especiales para licencias digitales, lo que dificulta el diseño de una política de adquisición y consulta por parte de las bibliotecas; y el segundo y más grave, no todos los títulos se generan en forma digital (o en ocasiones se obliga a comprar la edición impresa para poder adquirir la digital). Para resolver el problema hay que trabajar de manera asociativa para estandarizar los sistemas. Y lo segundo exige una clara política desde las editoriales para integrar todo el catálogo posible.

De acuerdo, no todo libro debe presentarse en forma electrónica, pero es hora de que sean la mayoría. No sobra decir que, para las bibliotecas, los libros en formato digital son un poco más caros, debido a que en ocasiones se manejan sistemas especiales para uso multiusuario o a perpetuidad. Pero para nadie es un secreto que el creciente problema de espacio que enfrentan las bibliotecas hace que incluso sea más rentable: la cantidad de novedades técnicas y universitarias hace imposible generar bodegas eternas. De ahí que los libros digitales resuelven acertadamente el problema. Según la Universidad de los Andes, los libros electrónicos también agilizan y facilitan el proceso de préstamo, inventario y mantenimiento.

5. Las ferias no parecen definitivas

A través del tiempo, las ferias fueron el lugar de compra de muchas de las grandes bibliotecas. Era muy usual ver a grupos de bibliotecarios paseando con sus carritos por cada uno de los estands, eran siempre buenas noticias para los editores. Pues bien, la historia está cambiando; si los bibliotecarios pueden tener toda la información en los portales de las editoriales, la compra en feria se realiza en la mayoría de ocasiones si existen descuentos muy interesantes en el punto de venta. De resto, está disminuyendo la compra en feria. Que no se compre material en la feria no quiere decir que esta no sea un lugar de visita obligatoria. En palabras de la Biblioteca de la Universidad Minuto de Dios, la feria sirve para recoger el máximo posible de catálogos para que después, con los decanos, se haga un proceso de selección. Todas las bibliotecas universitarias manifestaron en mayor o menor medida recolectar los catálogos durante la Feria Internacional del Libro de Bogotá. En el caso de la BLAA, la principal fuente de adquisición de material universitario son las ferias de libros tanto nacionales como internacionales. Dice Diana Restrepo: “Nosotros manejamos acuerdos de precios con las editoriales, intentamos mantener los precios de la Feria del Libro, debido a que somos una entidad estatal, usamos esta feria únicamente para informarnos y posteriormente realizamos la compra de este material solicitándole a las editoriales que nos conserven el precio que tenían en la feria”.

Quedan muchas preguntas por resolver, pero una es capital en este nuevo ordenamiento de cosas y el sistema está cambiando rápidamente. Un segundo artículo deberá abordar la introducción de compras de plataformas de alquiler de libros, al estilo Netflix. Es decir, ya las bibliotecas no comprarán libros a cada una de las editoriales, sino a sus agregadores digitales. Esto debido a los convenios que están estableciendo las editoriales con estas librerías digitales. Es incipiente, pero puede ser una realidad en unos años.

 
 

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